lunes, 9 de junio de 2008

Las vírgenes suicidas


Unas notas electrónicas nos meten de lleno en esta historia que se precipita con la primera frase: "Cecilia fue la primera en irse". Son esas notas y una especie de imagen aterciopelada, con aire retro, las que anticipan de algún modo la etereidad del conjunto. Una etereidad que se confirma en los angelicales rostros de las cinco protagonistas.
Las hermanas Lisbon son esas protagonistas que pasan su existencia entre la fantasía adolescente y las ansias de ver el mundo, de crecer y amar. Acotadas por las estrictas reglas de una madre sumamente católica, las hermanas Lisbon comienzan a cuestionar la verdad de su aparentemente correcta y prudente vida cuando, la más pequeña, Cecilia, intenta suicidarse. La premisa que anticipa la historia se plasma en la fugazidad de una escena de planos cortos, como invisibles, intentando esconder lo obvio para mostrar con sutileza la cuestión de fondo que atormenta a las chicas: la búsqueda de una identidad que les está previamente establecida y contra la que se sienten incapaces de rebelarse.

Lux,
Teresa, Bonnie, Mary ...

Aunque la historia está narrada desde un punto de vista un tanto extradiegético, la protagonista indiscutible de Las vírgenes suicidas es la cuarta hija del matrimonio Lisbon, Lux. Atraída por lo prohibido, Lux es una adolescente curiosa y lujuriosa, que experimenta el placer de los detalles a expensas de su educación cristiana. El coqueteo lolitesco de Lux deslumbra a los chicos del barrio, que, extasiados, no comprenden cómo las hermanas Lisbon se antojan tan inalcanzables. La espiral de placer y dolor, con la excusa de la educación católica que se mantiene en la casa, es la perdición del grupo de hermanas que ven pasar la vida a su alrededor encerradas en una prisión de reglas y mandamientos indiscutibles. La situación es llevada al extremo cuando, en una licencia de su madre para acudir a un baile de graduación, Lux llega a casa de madrugada. Las cuatro chicas, Lux, Teresa, Bonnie y Mary son encerradas entre las cuatro paredes de su propio hogar, que se torna en prisión.


Las chicas viven su religiosidad en plena adolescencia, debatiéndose entre las nuevas experiencias que les brinda la vida y la educación familiar recibida.

...y Sofia.

Aunque le precede su apellido, la joven realizadora "hija de", demuestra con este relato intimista que algo sacó de los genes de papá. La utilización de planos cerrados para mostrar el detalle, la ambientación cuidada hasta el extremo y la dramatización de la historia por medio de una acertada combinación de música y silencios, nos deja una película de una exquisitez impecable. Quizás mal llamada "película de chicas" (y no me lo dijo un amigo, sino una amiga...), la historia de Las vírgenes suicidas nos lleva a un nivel casi imperceptible de desglose de psicologías peculiares y muy bien retradas tanto por la realizadora como por los protagonistas, entre los que destaca la excelente Kathleen Turner, como madre de las chicas. Como protegida de Coppola, brilla Kirsten Dunst, quien ya llevaba antes de esta película una buena retahíla de producciones importantes. Pero, en mi modesta opinión, es en esta historia donde Dunst pone todo el empeño en crear un personaje que consigue una notable empatía con el espectador. Y una vez más, más con sus silencios que con sus palabras.

Unos preocupados señores Lisbon (Kathleen Turner y James Woods)

El conjunto del relato se enmarca y lo completa la época: mediados de los 70, Michigan. Los cambio sociales ya son patentes tras la rebelión juvenil de los 50 y los 60; pero en el caso que nos ocupa, la madre de las protagonistas, esas vírgenes sucidias que escuchaban a Kiss, a Areosmith y sabían de su limitada libertad, no podía mas que velar por el bienestar y la educación de los cuatro ángeles que ocupaban su vida.

Por qué Las Vírgenes Suicidas es una de mis must seen movies?

Quizás sólo por motivos de identificación, pero no puedo quedarme ahí.
La atmósfera que se respira, que transporta al hogar de los Lisbon, a ese pequeño barrio de Michigan, recoge una magia que es captada con increíble acierto por Sofia Coppola. Otra de las bazas de la película se encuentra en la inteligente utilización dramática del sonido (y de la ausencia de éste). La música de Air, y remito al inicio del post, da un aire etéreo, entre lo mortal y lo inmortal, creando una especie de equilibrio emocional que se balancea lo justo para que advirtamos el cambio. Los recursos de montaje, también poco visibles pero cruciales, redondean la sensación de ensueño del film, para que terminemos de comprender, quizás, cómo se sentían esas cuatro vírgenes, y caminemos junto a ellas en su sometimiento al destino que desenlaza el título de la cinta.

He intentado poner un enlace a la página oficial que, por motivos que desconozco, para haber desaparecido. El de abajo es un sitio fan, pero creo que merece la pena echarle un vistazo.

Las vírgenes suicidas

Para terminar, sólo un inciso sobre una escena en particular: el intercambio telefónico de canciones no tiene precio! Y recomendación: se percibe mucho más el tono intimista en V.O. De verdad, que merece la pena.

4 comentarios:

Víctor M. dijo...

Ésta es una de las películas que siempre me digo: "tienes que verla", pero al final nunca lo hago, a ver si esta vez me pongo a ello, porque es lo único que no he visto de Sofía Coppola (hasta he visto los cortos que hizo antes de Las vírgenes suicidas), y lo cierto es que me gusta su estilo (lo de las Converse rosas en Maria Antonieta fue muy bueno), y suele utilizar buenos temas musicales, pero ésta, a día de hoy, todavía no la he visto.

Itziar dijo...

pues ya tienes un motivo más para verla! ;)

Patrick Asensi dijo...

Bueno, bueno, aquí hemos sacado la vena más creativa de la Itziar de toda la vida!! He aquí un vasto campo para explotar!! Así me gusta!! Quiero ver la peli! Ya te diré algo cuando la vea! Mua.

Itziar dijo...

Ya sabes que en exámenes hay que buscarse cosas que hacer...nos vemos en una semana!!!!